Publicado el 14 de marzo de 2025 · Operación logística
Logística de maquinaria pesada hacia la Puna: rutas, altura y tiempos
Traslado de excavadoras y camiones mineros por corredores andinos
Una excavadora de 90 toneladas no viaja sola. Detrás de cada equipo que llega a un salar hay una cadena de decisiones que empieza mucho antes de que el camión arranque: permisos de carga indivisible, estudios de puentes, coordinación con Vialidad y una ventana horaria que rara vez se puede correr. El trayecto desde los puertos de Buenos Aires o desde talleres en Salta hasta un salar a más de 3.800 metros no se improvisa.
Los corredores más usados combinan rutas nacionales con tramos provinciales y, en los últimos kilómetros, caminos de ripio que muchas veces hay que acondicionar antes de que pase el convoy. Ahí entran las motoniveladoras y los camiones cisterna que humedecen el terreno para evitar que el polvo y la cal suelten la base. Un solo día de lluvia en la quebrada puede retrasar todo el cronograma.
Restricciones que definen el viaje
La altura cambia el rendimiento del motor y el consumo de combustible. A 4.000 metros, un camión que en el llano rinde bien puede perder entre un 20 y un 30 por ciento de potencia, y el traslado se hace más lento. Por eso los transportistas calculan tiempos con margen y programan paradas técnicas en depósitos intermedios, donde se revisan frenos, neumáticos y sistemas de refrigeración antes del tramo final.
Las escoltas son obligatorias cuando la carga supera cierto ancho o largo. En rutas de doble mano, el convoy avanza con balizas, banderilleros y comunicación por radio entre los vehículos. Las ventanas horarias suelen concentrarse en la madrugada o en horarios de bajo tránsito, y cualquier desvío se coordina con la policía vial de la provincia correspondiente.
Depósitos intermedios y acondicionamiento de caminos
No todo el recorrido se hace de un tirón. Los depósitos en Salta, Jujuy o Catamarca funcionan como puntos de transferencia donde se consolida carga, se cambia de tractor y se espera la confirmación de que el camino al salar está en condiciones. Ese acondicionamiento previo incluye perfilado de curvas, refuerzo de alcantarillas y señalización provisoria en los tramos más comprometidos.
El consumo de combustible en estos traslados es alto y se planifica con anticipación: no hay estaciones de servicio en la Puna, así que se llevan tanques auxiliares y se coordina el reabastecimiento con la operación minera. Un error de cálculo en este punto puede dejar el convoy detenido durante horas en un tramo sin cobertura.
Seguridad vial y protocolos del transportista
Los conductores que suben a la Puna trabajan con protocolos específicos: control de presión arterial, hidratación permanente, rotación de turnos y comunicación satelital. La fatiga por altura es un riesgo real y las empresas serias no la subestiman. Cada viaje se registra con parte de novedades, y cualquier incidente se reporta a la ART correspondiente.
El resultado de toda esta planificación es un movimiento que puede tardar entre cuatro y diez días según el origen y las condiciones climáticas. No es un viaje cómodo, pero es el que sostiene la operación minera. Sin esa logística, ningún proyecto de litio en la Puna arranca.